06 septiembre 2010

LOS CUERPOS SUTILES DEL HOMBRE - PARTE 2


“EL VERDADERO HOMBRE” - enseñanzas para la nueva era
Francisco Redondo Segura
Cuerpo – Alma – Espíritu
Pasemos, pues ahora, a ocuparnos del hombre mismo, no de sus vehículos de conciencia, sino de la acción de la conciencia en ellos; no de los cuerpos, sino de la entidad que funciona en ellos; pues por "hombre" se quiere significar al individuo continuo que pasa de una vida a otra, que se manifiesta a través de los cuerpos y los vuelve a dejar una y otra vez; que se desarrolla lentamente en el curso de las edades, que crece por la acumulación y asimilación de la experiencia, y que existe en su plano superior.
Este hombre es el que va a ser objeto de nuestro estudio.
Según nos dice San Pablo, y en la teología cristiana se ha dividido al hombre en 3 partes: cuerpo, alma y espíritu. También los ocultistas adoptan esta división para su estudio. Más aquí nos inclinaremos por el estudio del 3, ya que es el mejor método para investigarlo esencialmente, como ya veremos.
En realidad muy poca gente sabe la diferencia que existe entre el alma y el espíritu, ni conoce la naturaleza y el papel que estos dos principios representan, ni los mundos en los cuales trabajan. Por esta razón y debido, naturalmente a su vital importancia, vamos a investigarlos.
Las palabras siempre son limitaciones de la verdadera experiencia.
Al tratar conceptos tan sutiles y espirituales, como las palabras: alma, espíritu, ser, ego, yo superior e inferior, etc., el investigador de lo esotérico siempre encontrara “barreras verbales” que le obstaculizarán, al menos al principio, las grandes verdades que se hayan detrás del lenguaje escrito u oral.
La escritura así como las palabras, hay que utilizarlas como simples medios artificiales, todos ellos indicadores direccionales hacia una determinada dimensión mucho más amplia y veraz. Si tenemos esta indicación presente en nuestros estudios, todo será más comprensivo y natural.
Vamos ahora a tratar, de analizar y profundizar en la medida de nuestras posibilidades, los aspectos: alma y espíritu, por separado, individualmente, de una forma más esotérica, más científica si cabe.
Dejando a un lado el cuerpo, ya que éste es bien conocido por todos.
EL ALMA
EL EGO
El alma aparece siempre como un intermediario, como un enlace entre mundo físico y el mundo del espíritu; el alma es el vehículo que transporta los elementos del cielo a la tierra y de la tierra al cielo. Todo pasa por el alma.
Se podría decir que nuestra alma es un reflejo del espíritu en un plano inferior, el mental superior. Es como un reflector espiritual, que refleja en un plano el esplendor del espíritu. Se dice también, que el alma es un precioso espejo, ya que en él se puede vislumbrar la imagen más divina de nuestro verdadero ser, el espíritu. cuando decimos "que debemos hacer contacto con el alma", con nuestro “yo superior”, evidentemente nos estamos refiriendo a elevar nuestras conciencias a un punto más elevado, a un punto que está más allá de la simple conciencia física-instintiva, y más allá de nuestras emociones y deseos, y más allá de los pensamientos e ideas personales.
Hacer “contacto” con el alma o ego, es ir precisamente más allá de nuestra personalidad, más allá de nuestros cuerpos inferiores que la forman. Por lo tanto nos estamos refiriendo, que debemos polarizarnos en el plano del alma, en los planos mental - superior y búdico.
Donde la verdad esencial, la luz más pura y el amor más intenso se manifiestan en un estado virginal. Nuestra alma divina es nuestro yo superior. Una parte de nosotros mismos, una fracción de nuestro verdadero ser, o más bien un reflejo del mismo. Es pues nuestra meta más inmediata hacer contacto con nuestra alma. En ese estado espiritual las perturbaciones y oscilaciones de los tres mundos inferiores no nos afectan, no nos confunden ni nos aferran a la materia.
Y por lo tanto el discípulo queda libre de la ilusión, y libre para manifestar todo el potencial divino que le es inherente como hijo de dios.
El ejemplo más vivo que tenemos, que refleje en todas sus dimensiones esta fantástica integración entre el hombre y su alma divina, la tenemos reflejada en la vida y obra del maestro Jesús. Él supo mejor que nadie, de mostrar qué ocurre cuando el alma con todo su poder y gloria, se manifiesta en un hombre plenamente realizado. Jesús era la expresión humana y a la vez divina de la propia alma. Él vino a simbolizar, a través de su propia vida, lo que cada hombre debe hacer internamente; el nacimiento, el bautismo, la crucifixión; la transfiguración, etc... Todo eso debe pasar el discípulo en su propia carne y en su propio espíritu. Él vino para mostrar el camino. Él era simbólicamente el alma del mundo. Por esa razón dijo en los evangelios: "yo soy el camino que lleva al padre" "sólo a través de mí se llega al padre". Efectivamente él lo dijo; sólo a través del alma se puede llegar al espíritu, al padre. Esa es nuestra primera empresa. También ha habido otros maestros espirituales que a lo largo de la historia (conocida y oculta), han dado el mismo ejemplo y el mismo mensaje, en formas diferentes, pero esencialmente la misma, dependiendo de la cultura y del tiempo en que nos situemos.
El alma debido a su posición central e intermedia entre lo superior y lo inferior contiene dentro de sí misma dos aspectos bien diferenciados, se puede decir que es dual, veamos: una está enfocada hacia arriba hacia el espíritu, y la otra está orientada hacia abajo, hacia la personalidad. Simbólicamente, la podemos expresar como dos triángulos separados, pero a la vez unidos por el extremo inferior. Uno se manifiesta en el plano mental superior o abstracto, y el otro se expresa en el plano mental inferior o concreto. Por lo tanto uno pertenece a la vida divina y la otra a la humana. Por esa razón a una se la denomina alma divina y a la otra alma humana.
Una misma alma expresándose en dos formas diferentes, en dos niveles distintos.
El alma divina, no tiene apegos a la forma, vive libre e iluminada por el espíritu, es un cuerpo de luz, un reflejo del segundo principio divino; el amor.
Realmente el alma divina pertenece sin lugar a dudas al quinto reino, al reino divino. Es nuestra conciencia en un plano espiritual, y cuando hacemos contacto con ella, cuando nos identificamos plenamente, el hombre ha alcanzado la tercera iniciación, la transfiguración conocida por el cristianismo, y entonces nos hayamos libres de las ataduras de los tres mundos. En ese momento expresamos perfectamente el principio crístico, el principio del amor divino.
“EL ESPÍRITU TRABAJA SOBRE LA MATERIA POR INTERMEDIO DEL ALMA”
El alma es un instrumento para el espíritu, un instrumento del que éste se sirve para llegar al plano físico, el más denso de todos, porque el espíritu, por sí sólo, no puede llegar a él, por ser él una energía muy elevada en vibración. Únicamente el alma tiene la posibilidad de alcanzar la materia y, a través de ella, el espíritu trabaja sobre la materia, modelándola, formándola y ordenándola. Sin el alma, sin las posibilidades del alma, el espíritu no tiene ningún poder sobre la materia.
Si la mayoría de filósofos, e incluso teólogos, han escrito sobre el alma teorías tan complicadas e incluso totalmente erróneas, es porque no han observado bien la naturaleza. Todo se refleja en la naturaleza, y cuando sabemos cómo observarla, podemos encontrar la solución de las cuestiones más complejas y abstractas. Todos los problemas alquímicos, teúrgicos, mágicos, cabalísticos o astrológicos, podemos encontrarlos resueltos en los fenómenos del plano físico.
Hay que aprender a leerlos... Existe realmente una ciencia concerniente a la actividad del alma, en la que nos di ce que ella es la mediadora entre el cielo y la tierra. Y todo ello adquiere mayor significado si nos acordamos de lo que cristo dijo: yo soy el camino la verdad y la vida es lo mismo que decir: yo soy aquel que hace pasar los elementos de la tierra al cielo y del cielo a la tierra...
Sí, Cristo, nuestro Cristo íntimo que es nuestra alma divina, es aquél que hace descender las bendiciones del cielo y que hace ascender a las almas.
Para llegar al cielo, a nuestro padre celestial, tenemos que pasar por él, es nuestro “despertar anímico”.
Evidentemente todo lo que se está diciendo puede parecernos muy teórico. Para saber, verdaderamente, lo que es el alma, hay que ir a verla...
El alma es un cuerpo de energía, un cuerpo luminoso, pero un cuerpo en definitiva. Y este cuerpo también se disgregará un día, y entonces el hombre vivirá únicamente como espíritu, porque la verdadera esencia del hombre, su verdadero ser es el espíritu.
Veamos ahora por separado cada uno de los dos aspectos del alma...
El ALMA HUMANA
Es como su nombre indica, de naturaleza humana, inferior.
El hombre común en sus momentos más lúcidos, actúa como alma humana. Como una conciencia coherente, inteligente. Cuando el hombre no está influido por sus deseos, o su egoísmo particular, cuando no expresa su naturaleza animal, y por lo tanto permanece lúcido y polarizado en su nivel intelectual, es entonces cuando se manifiesta o expresa como alma humana. También llamada "el alma individual", es el aspecto inferior del alma, lo que se ha denominado el "pensador". Una vez introducido en la materia es cegado por los sucesivos velos constituidos por todos los niveles de la misma. El más tupido de estos obstáculos se halla representado por el cerebro físico que actúa como "válvula reductora" de la conciencia. El cerebro limita la cantidad de información de la que la mente puede hacer uso, en tanto ésta (la mente) se halla confinada dentro del cuerpo físico. Esta es la razón por la cual se hace tanto hincapié en la purificación y la sublimación de la materia física, con el fin de que las impresiones y mensajes producidos por nuestra alma divina, puedan ser recibidas perfectamente por el cerebro entrenado y desarrollado para tal efecto.
El ser humano debe ser capaz de responder a las vibraciones provenientes de planos superiores, con el fin de que despierte a su verdadera naturaleza espiritual.
En los ejercicios espirituales de “alineamiento”, utilizamos una técnica, para alinear los tres cuerpos.
Cuando los tres cuerpos: físico, astral y mental están alineados, y no molestan con sus vibraciones inferiores. En ese estado de quietud interior, es cuando el hombre puede actuar como alma humana, coherente, libre y controlador de los tres cuerpos. En ese punto de identificación superior con nuestra conciencia elevada, es cuando podemos trabajar para hacer contacto con su aspecto superior o alma divina. Y esto se consigue con la meditación, y una vida espiritual - cuando hablamos de espiritualidad, no nos estamos refiriendo a la vida mística, o santurrona a la que estamos acostumbrados a creer. No se trata de aislarse del mundo y del pecado, como comúnmente se cree. Sino de establecer en el mundo cotidiano, en el mundo de todos los días y en cualquiera de sus diversos aspectos, un puente por el cual podamos expresar todo nuestro potencial de las mejores cualidades, consagrando inteligentemente cada obra, cada acto, cada palabra, para el bien común. Manifestando así; el espíritu en la materia; el reino de Dios en la Tierra...
Eso es vivir espiritualmente y con plenitud.
Este aspecto del alma (alma humana) desarrolla habitualmente su actividad por medio de la mente concreta, habiendo sido proyectado desde el alma hasta el interior de la materia en el momento de la primera encarnación como auténtico ser humano. Durante el largo ciclo de encarnaciones este aspecto se va haciendo progresivamente más sensible a la carencia de su verdadero ser.
La irresistible atracción de la afinidad de su propia identidad le impele a perseguir esa reunión como meta funda mental de su existencia, y ello promueve a la elevación espiritual, a la "búsqueda".
EL ALMA DIVINA
Es también llamada el alma total, y es la contraparte del alma individual o humana. Ella, de alguna forma, participa con el resto de las almas humanas, en los planos elevados, de la mística "comunión de los santos" de la que hablan las tradiciones cristianas. Nuestra alma divina es asistida y dirigida - en su experiencia evolutiva- por esas elevadas entidades que reciben esotéricamente el nombre de "ángeles solares". Los ángeles solares, son realmente los arquetipos para el alma total, el modelo y el molde al cual deben ajustarse en su desarrollo. Son asimismo denominados hijos de la mente, y se les considera bajo esta óptica como frutos del pensamiento de la mente universal (mahat). Ellos imprimen las tónicas vibratorias para la expresión de las cualidades de razón, amor y voluntad puras que habrá en su día de corresponder a la armonía del alma total plenamente desarrollada. Son señores de sacrificio y arquetipos de perfección humana. Reciben también el nombre de "dyanes de fuego" en la doctrina secreta. Ellos vinieron del corazón del sol (de ahí su nombre de ángeles solares), para ayudar en la evolución del hombre, esto tuvo lugar en la raza lemúrica ayudándonos a la individualización. Los ángeles solares pertenecen al quinto reino de la naturaleza o súperhumano, y están unidos a cada hombre hasta que éste llegue a la cuarta iniciación.
Son, por lo tanto, ángeles que en perfecta unión con el alma del hombre, les ayuda hasta que el espíritu puede hacerse cargo plenamente de su reflejo u hombre terrenal...
EL ESPÍRITU - LA MÓNADA
Ante todo hay que saber que el espíritu es nuestro real ser.
Nuestro verdadero yo por encima de todos nuestros aparentes yoes. Es nuestro verdadero principio, nuestra verdadera fuente. En origen y en esencia somos el espíritu puro, que es a su vez una chispa de energía divina emanada del gran fuego del creador. Es el espíritu, nuestro real ser el que está hecho a imagen y semejanza de dios. Por lo tanto en espíritu somos sus verdaderos hijos. Esta es la razón por la cual muchos no entienden como siendo el hombre tan imperfecto puede semejarse a dios que si es perfecto.
La clave para entenderlo radica en que el hombre cuando se identifica plenamente con su ser, con su espíritu, entonces, si que será como él, como su creador, como su padre celestial.
Pero hasta entonces sólo podrá expresar una pequeña parte de su potencial, sólo un reflejo tenue de su divinidad inmanente, sólo podrá exteriorizar su yo inferior, el alma humana o animal.
Al espíritu se le denomina de varios maneras, dependiendo de las diferentes escuelas filosóficas que haya. Algunos de estos nombres son: espíritu, Mónada, ser, esencia, padre, yo divino (que no hay que confundirlo, con nuestro yo superior, que es nuestra alma divina).
La tradición esotérica nos enseña, así como numerosas filosofías (sobre todo orientales), que cada hombre es un dios, porque somos parte de él y él parte de nosotros. No hay nada de profano en ello, nada de soberbio o rebeldía por nuestra parte, sino que es la verdadera herencia que cada hombre posee por primogenitura esencial.
El hombre todavía no ha comprendido esto, y hasta que no lo entienda será desgraciado interiormente. El famoso escritor y dramaturgo William Shakespeare (que fue avanzado en su tiempo) supo hacer una reflexión muy significativa al respecto, cuando dijo: “ ser o no ser, he ahí la cuestión ”.
En verdad él había dado en el blanco, pues, el hombre puede o no ser, depende de su evolución alcanzada. Cuanto más se es, mayor es el nivel espiritual alcanzado. Mientras que, cuanto menos estemos identificados con nuestro ser, nuestro espíritu, menor será nuestro grado de desarrollo, y menos capacidad expansiva tendremos. Es por todo ello, una reflexión muy significativa y veraz.
La Mónada (espíritu), permanece siempre, al principio de la creación, en su propio plano, plano Monádico. Y su primer esfuerzo consiste en descender, materializarse, poco a poco, para poder paulatinamente recoger las experiencias necesarias para su propia evolución. Vemos pues, como a medida que desciende de plano, se va revistiendo de materia y materia cada vez más densa, con el doble propósito de divinizarla materia y materializar el espíritu, en todos los planos de la creación. Alguien por supuesto podría decir: “si el espíritu es tan perfecto y puro ¿qué necesidad tiene de evolucionar o encarnarse en la tierra?, bien, debemos entender que el espíritu es puro, divino, pero no perfecto o absolutamente sabio. De ahí la voluntaria necesidad de experimentar y crecer hacia niveles más elevados de divinidad.
La Mónada es omnisciente en su propio plano, pero inconsciente en todos los demás, y para remediar esta condición deben velarse en sucesivas capas (como dijimos anteriormente) de materia, cada vez más densa con objeto de llegar a ser omnisciente en todos los planos, y capaz de responder a cualquier tipo de vibraciones. El espíritu (Mónada) es descrito como "hijos que moran desde el principio de una edad creadora en el seno del padre" y que "no han alcanzado todavía perfección por el sufrimiento". Cada una de ellas es igual al padre en cuanto a su naturaleza divina, como se dice en el credo de Atanasio.
Cada una de ellas ha de penetrar en la materia para "hacer todas las cosas sujetas a ella" (primera epístola de San Pablo a los corintios, xv, 28).
Ha de ser "sembrada de debilidad" para que pueda ser “resucitada en poder” (ibíd., xv, 43)...
Realmente no es en sí el espíritu el que desciende (ya que éste no podría hacerlo por su elevada vibración) sino una especie de avanzadilla de su propia conciencia, denominada esotéricamente (sutratma) o "hilo de vida", y en él se ensartan los átomos permanentes como las perlas en un collar. Estos átomos tienen la particularidad de existir uno en cada plano, y de ser permanentes, recogien do, almacenando y asimilando todas las experiencias relativas a ese plano concreto. Con lo cual nada se pierde, ninguna experiencia se olvida tras la muerte, sino que es almacenada allí, permitiendo la evolución de una forma continuada, sin pérdidas ni olvidos. De esta manera, poco a poco pero con seguridad, puede ir descendiendo de plano, hasta el último, o plano físico denso. Desde ese punto empieza la ascensión, la evolución, ya que lo anterior, el descenso a la materia, era la involución del espíritu a la forma. Vemos pues, cómo las monadas van dando vida a todos los reinos de la naturaleza: el mineral, vegetal, animal y humano. Naturalmente a medida que cada reino va evolucionando se acerca cada vez más al prototipo divino, al diseño origi nario del creador. Y es en el ser humano, en el hombre donde se produce la más grande metamorfosis de nuestro sistema solar, la "individualización" ¿y en qué consiste la individualización para que sea tan importante? es el resultado de la entrada directa del espíritu en un cuerpo físico, a niveles superiores, que es lo que llamamos el “hombre”. He ahí su trascendental importancia.
La individualización del animal y la formación de un cu erpo causal cono vehículo del alma le permite el paso al cuarto reino de la naturaleza, el humano.
Ahora utilizaremos las claves analógicas pues allí están contenidas todas las respuestas. Puesto que la misma estructura ha presidido toda la crea ción -sólo con pequeñas modificaciones en los diferentes niveles... Volvemos a encontrar por todas partes esta misma división en tres: forma, contenido y signifi cado; o bien, cuerpo, alma y espíritu... Sí, un huevo nos lo explicará todo. Por eso el huevo es un símbolo tan importante en la tradición iniciática. Está hecho a imagen del universo. Abridlo. ¿Qué vemos? la yema, que contiene el germen de la vida; la clara, es decir, la albúmina; y, finalmente, la cáscara. La yema es el espíritu; la clara es el alma; la cáscara es el cuerpo. El germen, pues está en el centro; la clara, en medio; y la cáscara en la periferia. (La célula está también construida siguiendo este mismo esquema: todas las células tienen un núcleo, un citoplasma y una membrana). Y qué pasa cuando se rompe la cáscara de un huevo, ¿qué sucede? todo se derrama y la vida se va. Igual que la cáscara, el cuerpo sir ve para proteger la vida, es decir, el alma y el espíritu. Cuando el cuerpo se rompe, la vida se va, el alma y el espíritu le abandonan. ¿Qué es pues el alma? al igual que la clara del huevo, el alma es portadora de todos los elementos nutritivos necesarios para el mantenimiento de la vida. Pero la vida misma procede del espíritu: el germen no se encuentra en la clara sino en la yema.
De la misma manera, la vida, la verdadera vida, se encuentra en el espíritu, y el alma la sostiene, la alimenta, la hace circular. ¿Cómo lo sabemos? porque es algo evidente, está ahí, delante de nosotros, ¡la Naturaleza lo expone todo ante nuestros ojos!..
Pero, lo que también no hay que olvidar es que, aun cuando los presentemos como realidades diferentes, el espíritu, el alma y el cuerpo, estos son de la misma esencia. Lo que difiere es la consistencia, el grado de materialización: el cuerpo es espíritu condensado; el espíritu es cuerpo sutilizado, y el alma es el intermediario en tre ambos. Por esta razón los alquimistas enseñan que sólo existe una materia única y que, a partir de esta materia, por grados de condensación diferentes, se produjeron los metales, los cristales, las flores, la carne de los animales, de los humanos, el aire, el fuego, etc... ¡Cómo dieron en el clavo!.. Entonces, ¿qué es el cuerpo físico? Es el espíritu condensado. ¿Y qué es el espíritu? es materia diluida, sutilizada has ta adquirir el estado más inmaterial. Por eso los alquimistas dicen también que con solve y coagula todas las operaciones son posibles.
¿Y cómo? gracias al calor. El calor, en un grado más o menos elevado, actúa sobre la materia para darle diferentes formas, diferentes consistencias. El fuego es, pues, el agente mágico que da a cada cosa su forma y su naturaleza; el oro posee cierta cantidad de calor, la plata otra, el plomo aún otra distinta, etc. si el adepto encuentra este fuego, este agente mágico, dentro de sí mismo, puede transmutar el plomo en plata o el hierro en oro, o inversamente. Sólo que, naturalmente, este fuego de los alquimistas no era el fuego de los palanqueros y de los herreros, sino el fuego sutil, el fuego oculto, el fuego filosófico.
Veamos lo que nos dijo Hermes Trismegisto en la “tabla de esmeralda” al respecto: y puesto que todas las cosas son uno y provienen del uno, por mediación del uno, así todas las cosas han nacido de esta única cosa por adaptación...
Vamos ahora a estudiar serenamente algunos conceptos que nos harán comprender mejor la naturaleza psíquica del individuo.
La mayoría de estos conceptos son utilizados sin verdadero conocimiento de causa, tanto en nuestras cotidianas conversaciones, co mo en algunos escritos seudofilosóficos o seudoreligiosos.
Para una mayor aclara ción, vamos a detenernos sobre ellos con el fin de despejar algunas dudas, y clarificar en la medida de nuestras posibilidades su real ubicación dentro del esquema psicológico y espiritual del ser humano.
Los conceptos que vamos a dilucidar son:
- LA CONCIENCIA.
- EL SUBCONSCIENTE.
- LA SUPRA CONCIENCIA.
LA CONCIENCIA
Lo que llamamos generalmente conciencia puede ser definido como un lugar en el que todos los representantes de nuestro organismo físico y de nuestro organismo psíquico han convenido encontrarse.
Es algo así como la organización de las naciones unidas en ginebra. ginebra es una ciudad en la que los representantes de las potenci as del mundo entero, amigas o enemigas, se dan cita para parlamentar y para resol ver ciertos problemas y, cuanto menos se convierte, por algún tiempo, en la conci encia del mundo: se pone en claro algunos puntos de vista, se discute, se toman decisiones, etc...
De la misma manera, la conciencia es una zona neutral, una zona franca donde elementos y fuerzas de diversa naturaleza vienen a dar su opinión y a expresarse en la medida en que las circunstancias lo permiten.
Podemos también compararla a una pizarra o a una pantalla en la que se manifiesta todo lo que sucede en este mundo que es el ser humano. Según sea el grado de evolución del individuo, la Naturaleza y el número de estas inscripciones son, evidentemente diferentes. A veces sucede que nuestra conciencia no solamente es influenciada por nosotros mismos, sino, que es otra persona la que logra proyectar su voluntad y sus deseos en nuestra pantalla y nos empuja a realizar sus deseos sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello. Creemos que somos nosotros mismos, pero, en realidad es otro quien, de alguna manera nos manipula. El iniciado, es el hombre que esta instruido para llegar ha hacerse dueño de su propia consciencia, y no se deja influir, ni por las fuerzas externas ni internas que provienen de su subconsciente (aunque sea consciente de esas fuerzas y sugerencias). Un iniciado ha comprendido que los intereses de los diferentes cuerpos y órganos que hay en él, deben converger en el interés de todo el ser y, en consecu encia, impone la armonía a todos estos representantes, con lo cual su conciencia se transforma en supraconciencia.
Lo que llamamos conciencia en los hombres corrientes, no es a menudo, otra cosa que la manifestación de la subconciencia; todos los instintos heredados, todas las tendencias animales instintivas intentan continuamente manifestarse, proyectarse en la pantalla de la conciencia.
Por eso, cuando el discípulo comienza a adentrarse en el camino de la iniciación, debe esperar encontrarse con sorpresas. Quiere rezar, ser bueno, puro, pero, he aquí que otro deseo empieza a gritar dentro de él: ¡ah, no, no!, ¡eso no!, ¡quiero otra cosa! y entonces el pobre, a menudo capitula. Pero si a pesar de todo, continúa luchando contra estos deseos inferiores, entonces consigue liberarse, independizarse y empezar paulatinamente a vivir en la supracon ciencia.
Pero volvamos a la conciencia. De manera general podemos decir que la conciencia es el reflejo de las preocupaciones del hombre, de su manera de vivir, y sólo existe como una consecuencia de todos los procesos físicos y psíquicos que se desarrollan en el ser humano. Es una pantalla en la que proyectan las imágenes de la vida externa e interna. Si vuestra conciencia es desgraciada, si es presa de angustias y de obsesiones, hasta que no cambie de vida es inútil que intente escapar de estas an gustias y obsesiones. De lo contrario, es como si estuviera descontento con las imágenes que se proyectan en una pantalla y quisiera cambiar la pantalla en lugar de cambiar la película. La conciencia se manifiesta al nivel del cerebro, pero este es el resultado del funcionamiento de todas las células; hay que actuar, pues, sobre las células para cambiar la conciencia, y no sobre la pantalla, que está al margen de todo eso. La pantalla es la parte femenina, la parte que simplemente refleja una realidad interior. Y la vida que se proyecta es la parte masculina, el comportamiento real, el cual debemos cambiar si queremos que en la pantalla de la conciencia se reflejen imágenes más bellas, más armoniosas.
Podemos decir, y sería correcto, que el espíritu tiene su conciencia, naturalmente tiene una conciencia mucho más elevada que la que pudiera tener, por ejemplo, el alma. Y el alma divina tiene una conciencia más amplia que la del alma humana. De esta manera podríamos ir ascendiendo o descendiendo en los niveles de conciencia de cada plano, de cada estado o cuerpo de manifestación determinado. El trabajo del discípulo consiste precisamente en esto, en ir aumentando y ampliando cada vez más su nivel de conciencia, porque como hemos dicho la conciencia está delimitada por la evolución alcanzada del individuo.
Desde hace unas décadas, se oye hablar mucho sobre el subconsciente. Desgraciadamente los psi coanalistas que se han puesto a explorarlo ignoran lo peligrosas que son las regiones del ser humano que están removiendo, regiones en las que se apiñan todos los monstruos prehistóricos. Todos estos animales ancestrales están presentes en el subconsciente del hombre. Por eso, cuando los psicoanalistas, que no están instruidos en la ciencia iniciática, se lanzan imprudentemente a remover todas las capas que están enterradas, con el pretexto de ir a buscar en el subconsciente de la gente ciertos trastornos, despiertan en algunos casos, a estos animales. Los cuales perturban en gran medida la psiquis del paciente. (El trabajo que están realizando los psiquiatras y psicoanalistas hoy en día, verdaderamente, es un trabajo encomiable y muy difícil - al ser una ciencia aún muy joven...). No decimos con eso, ni mucho menos, que haya que dejar completamente de lado al subconsciente, no; y hasta se dan métodos espirituales para servirnos de él. Debemos saber por ejemplo, que las verdaderas transformaciones nunca se han producido por el pensamiento, en la conciencia, sino con las fuerzas del subconsciente. Por eso, para obtener la realización de nuestras aspiraciones espirituales, debemos aprender a descender a nuestro subconsciente, depositando en él la imagen de estas aspiraciones.
Gracias al trabajo consciente, la realización acabará por producirse un día, pero necesitamos mucho más tiempo que si pudiéramos trabajar con el subconsciente, porque las puertas de la subconsciencia, que está ligada al mundo vegetal, están muy cerca del plano físico y por lo tanto de la realización, mientras que la supraconsciencia está muy lejos. Por eso, si llegamos a situar nuestros deseos en la región de la subconsciencia, éstos podrán realizarse mucho más rápidamente. Este es, también, el principio de la hipnosis. Al hipnotizar a alguien, actuamos sobre su subconsciente, y la persona ejecuta las órdenes que le damos, lo que no habría hecho si nos hubiéramos dirigido a ella cuando estaba despierta y era perfecta mente consciente. (Este ejemplo sobre la hipnosis, es simplemente un dato, ya que en verdad, el ocultismo no está de acuerdo con ello, ya que todo lo que descartado en la vida espiritual)
Ejercicios
Hay, pues, ejercicios que podemos hacer para acelerar la realización de nuestro trabajo. Cuando queramos tener resultados más rápidamente en el terreno espiritual, debemos concentrarnos y meditar en la meta que queremos alcanzar, y después debemos dormimos porque las fuerzas subconscientes nos ayudarán a materializar nuestro deseo. Los maestros han hecho, durante años, estas experiencias. Y si han realizado algo más que los demás, es precisamente porque han trabajado de esta manera. La mayoría de los hombres se contentan con remover ideas... ¡OH!, claro, reconocemos que a veces se tratan de ideas geniales, sublimes; pero estas ideas deben ser realizadas, y, para realizarlas, hay muchos métodos. Acabamos de dar uno, pero también podemos de tratar de materializar las ideas mejorando nuestra manera de vivir, aprendiendo cómo realizar mejor cada uno de los actos de nuestra vida cotidiana: correr, respirar, andar, dormir, etc... Porque cada uno de estos actos está conectado con nuestra vida subconsciente, y si sabemos cómo realizarlos, podemos contribuir a la materialización de una idea divina. Por lo demás, y a propósito del sueño, si hemos insistido tanto en la importancia que tiene el estado en el que nos dormimos, es porque el sueño favorece la cristalización de este estado en el subconsciente. Siempre debemos dormimos con los mejo res pensamientos y con los mejores deseos, porque así ayudaremos a su realización.
El subconsciente es una región muy vasta y peligrosa, comparable a las profundida des del océano. Si queremos zambullirnos en ella sin el material necesario, quizás no podamos contarlo, porque en estas regiones, en estas profundidades hay monstruos que nos pueden devorar. Sabemos que para descender a las profundidades de los mares o a las cavernas subterráneas hay que ir bien equipados. Y, por otra parte, para acometer cualquier empresa que sea un poco peligrosa es necesario estar físicamente entrenado y, además, ir bien equipado para poder protegerse. Y, sin embargo, cuando se trata de bajar a las profundidades de nuestra propia naturaleza, la gente se imagina que es fácil, que no hay peligro. Pues bien, ahí están, precisamente, los mayo res peligros; y hay que estar equipados.
Pero, ¿cómo equiparse?
No es tan fácil. Solamente podéis encontrar este bagaje psíquico en las regiones que están situadas encima de la consciencia y de la consciencia de sí: en la supraconsciencia; hay que ir allí antes de zambullirse en el subconsciente. Esto quiere decir que hay que adquirir conocimiento sobre la estructura de estas regiones y la Naturaleza de las entidades que las habitan y también que se necesita haber desarrollado ciertas virtudes: la pureza y el autocontrol, para poseer un aura poderosa que permita descender a los abismos sin peligro.
Hay que estar preparados, y hay que tener, cómo los buzos de antaño, una conexión con la superficie, una cuerda con la que puedan tirar nuestros amigos, que están arriba, para izarnos en caso de peligro. Vivir una vida completamente vulgar y, sin haberse purificado no se puede acometer tales empresas tan elevadas. naturalmente, si nos place, podemos ir a medirnos con los monstruos y las malas entidades, pero que tenemos que saber de antemano que si únicamente contamos en la lucha con nuestros propios medios, serenos aplastados, devorados, aniquilados internamente. Ante todo hay que conectarse con los espíritus superiores del mundo de la luz, pedirles armas, protección, y sólo entonces podremos partir hacia el combate; porque al sentir que estamos armados, las entidades inferiores se dispersarán. Y si estamos en peligro, las entidades celestiales, que saben que al término de su evolu ción el hombre debe explorar los abismos que hay en él, no os abandonarán. Pero no vayamos, porque está de moda.
En el subconsciente está todo el “recuerdo de los tiempos”, desde nuestra primera experiencia en la tierra, hasta el recuerdo de toda nuestra evolución desde el inicio de los tiempos. Todo, absolutamente todo está grabado en el subconsciente, ya que de otra manera la evolución sería imposible al no tener una continuidad y relación de experiencia vividas para seguir evolucionando. Desde nuestros errores hasta nuestros perfeccionamientos... Solo así, reteniendo en el subconsciente todas las experiencias vividas podemos ir avanzando.
Para el subconsciente, así como para el alma, no existen experiencias buenas ni malas; todas son experiencias enriquecedoras para nuestra evolución. Lo que ocurre respecto al peligro existente en el subconsciente, es el de que al introducirnos en él sin un verdadero autocontrol de nuestra naturaleza inferior, puede suceder muy fácilmente que despertemos dolores, sufrimientos, complejos, angustias, etc., ya pasadas y olvidadas para nuestro pequeño e infantil consciente. Y esto puede repercutir gravemente en el equilibrio de nuestra personalidad, todavía inmadura y no subyugada por nuestra alma.
Para el ocultista, para el discípulo entrenado es más que necesario explorar estas regiones subconscientes. Pero él no va con un palo a remover el lodo, sino que va con una "antorcha encendida", con el fin de iluminar el subconsciente.
El subconsciente debe ser iluminado totalmente, ya que esa parte de nosotros mismos permane ce prácticamente a oscuras durante todas nuestras existencias. La oscuridad en nosotros debe ser iluminada; no debe existir en nuestra naturaleza ninguna parte en oscuridad. Ningún maestro tiene en sí ni una sola sombra de oscuridad. Y esto se consigue trabajando y ejercitándonos en atraer la luz; esa luz proviene de nuestro ser superior, de nuestra verdadera alma-divina y del espíritu que es nuestro verdadero ser.
Buda, significa "el iluminado", y donde hay luz, iluminación por naturaleza no puede haber tinieblas ni oscuridad.
La psicología moderna, reconoce que el hombre sólo utiliza aproximadamente un 3% de su verdadero potencial mental. La ciencia esotérica también lo afirma. Ante esta rotunda afirmación cabe preguntarse: ¿por qué utilizamos sólo ese 3%? y ¿por qué no podemos utilizar el otro 97% restante? la ciencia oficial no tiene una respuesta segura a esta pregunta, ya que el estudio profundo de la mente a nivel científico es algo muy reciente de nuestro siglo xx. Sin embargo la ciencia más antigua del mundo, la ciencia sagrada o arcaica sí tiene una respuesta para esta trascendental pregunta. Y durante milenios se ha ido divulgando; primero de boca ha oído, de maestro a discípulo personalmente y en el más absoluto secreto; luego más tarde de maestro a grupos seleccionados donde también permanecía la ley del silencio; después se ha ido divulgando a gran escala, a través de los maestros, iniciados y discípulos por todo el mundo. Y el conocimiento esotérico que enseñaban, precisamente era cómo ha cer despertar al hombre del sueño de la ignorancia. Y cómo convertir el inconsciente en consciente, es decir, hacernos poseedores de todo nuestro verdadero potencial que heredamos de nuestro creador. En eso consiste el camino espiritual, en ir despertando a nuestra verdadera naturaleza divina.
LA SUPRACONSCIENCIA
En su origen, el hombre era un espíritu puro creado a imagen de dios y vivía en el seno del eterno; pero todo lo que había vivido, en la paz, en la bienaventuranza y en la luz, quedó olvidado y prácticamente enterrado en el transcurso de su descenso a la materia. sin embargo aquella experiencia quedó inscrita en esta región que los iniciados llaman supraconsciencia, que es la región del futuro y del pasado lejano, pero mucho más lejano aún que el pasado que tenemos en común con los animales: el pasado de nuestra vida en el "paraíso".
Para que este mundo sublime de la supraconsciencia pueda aflorar a la superficie y expresarse, el hombre tiene que dejarse llevar por ciertos impulsos superiores; pero, evidentemente, es necesario un trabajo previo de organización y de purificación interna para abrir algunos caminos hasta esta región elevada de la conciencia superior; sólo entonces se desencadenarán corrientes divinas de pura luz, de pura música, de pura inspiración. de la inconsciencia en los reinos inferiores pasamos a la consciencia del reino hu mano, y de la consciencia humana pasamos a la supraconsciencia divina, que es el estado natural del alma. sí, el alma divina es supraconsciente ya que ve el mundo de las causas, del origen de todos los efectos y procesos de la vida.
Curiosamente, ser más consciente quiere decir precisamente ser menos inconscientes, con lo cual podemos deducir, que debemos ganar terreno al subconsciente, iluminarlo para que éste forme parte del consciente.
Una vez que nuestro pequeño consciente vaya recuperando la capacidad de utilizar esa parte del subconsciente que no podía controlar, es cuando empezamos realmente a ser supraconscientes, mucho más conscientes.
La intuición forma parte de la supraconsciencia.
La intuición es el instrumento del alma.
La verdadera intuición - que todos los iniciados poseen - es el reconocimiento instantáneo de la verdadera naturaleza de las cosas.
La intuición está justamente por encima del intelecto, y su función es de naturaleza divina y natural.
Los animales poseen instinto, los hombres poseen intelecto, y los iniciados intuición.
Son tres aspectos de un mismo patrón, pero bien diferenciados, cada uno pertenece a un reino aunque con una salvedad, el hombre puede desarrollar la capacidad de la intuición trascendiendo el intelecto en una misma vida, y convertirse en un iniciado, cosa que no puede hacer un animal por no estar individualizado...

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