20 marzo 2009

CUERPO y MENTE


Los investigadores saben desde hace mucho que el estrés cobra un alto precio sobre el organismo, pero sólo hace poco se reconocieron los efectos profundos que tiene el estrés psicológico. Hace dos decenios muchos científicos básicos se burlaban de la idea de que el estado mental de un paciente pudiera influir sobre la salud. El vínculo entre la mente y el cuerpo era considerado un territorio oscuro, mejor dejado en manos de los psiquiatras.
En la última década, sin embargo, los investigadores demostraron que el estrés psicológico puede aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades y han empezado a comprender cómo puede ocurrir tal cosa.
Si usted me hubiera dicho allá en 1982 que el estrés puede modular cómo funciona el sistema inmunológico, yo habría respondido... Olvídelo, dice el doctor Ronald Glaser, inmunólogo de la Universidad de Ohio.
Mientras más profundizan los investigadores, más claro resulta que el estrés puede ser el hilo que une a muchas enfermedades que antes se creían carentes de relación entre sí.
Lo que antes se pensaba que eran rutas que llevaban muy claramente al resultado de una enfermedad específica, ahora se vio que llevan a una amplia gama de diferentes resultados - dice el doctor Robert M. Sapolsky, profesor de Neurología en Stanford.
La clave en esta nueva comprensión es una concepción novedosa del estrés desarrollada por McEwen, que ha estado estudiando el tema durante más de tres decenios. Según este modelo, no es el estrés en sí lo que es dañino. Más bien, los problemas asociados al estrés resultan de una compleja interacción entre las demandas del mundo exterior y la capacidad del organismo para enfrentar amenazas potenciales.
Esa capacidad puede estar influida por factores hereditarios y experiencias infantiles; por la dieta, el ejercicio y los patrones de sueño; por la presencia o ausencia de estrechas relaciones personales; por el nivel de ingresos y el status, y por la acumulación de presiones hasta el punto en que sobrecargan el sistema.
En cantidades moderadas, argumentan los científicos, el estrés es benigno, incluso benéfico, y la mayoría de la gente puede enfrentarlo.
Al prepararse para pronunciar un discurso, presentar un examen o evitar un auto a alta velocidad, el organismo realiza una compleja serie de ajustes. Procesos esenciales para movilizar una respuesta - el sistema cardiovascular, el sistema inmunológico, las glándulas endocrinas y las regiones cerebrales involucradas en la emoción y la memoria - son llamados a actuar. Las funciones no esenciales, como la reproducción y la digestión, son pospuestas para otro momento.
La adrenalina, y más tarde el cortisol, hormonas del estrés generadas por las glándulas adrenales, invaden el organismo. Se elevan el ritmo cardíaco y la presión arterial, la respiración se acelera, el oxígeno fluye hacia los músculos y las células inmunológicas se preparan para acudir de inmediato al lugar de una posible lesión.
Cuando finalmente se pronuncia el discurso se presenta la prueba o se evita ser embestido por el auto a gran velocidad, otro complejo juego de ajustes promueve la calma, regresando al organismo a lo normal.

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